CONCIERTO SÉS: NADANDO NA INCERTEZA.
"Sés se lanzó al agua sin salvavidas."
Así podría resumirse el concierto de Sés con su nuevo disco, Nadando na incerteza, una travesía musical y emocional que convirtió la duda en motor y la fragilidad en fuerza compartida. Desde el primer momento, la artista gallega dejó claro que no venía a tranquilizar a nadie, sino a acompañar: a cantar desde ese lugar inestable que todas y todos habitamos, aunque no siempre sepamos nombrar.
El escenario, contenido y sin excesos, funcionó como un espacio de cercanía más que de exhibición. No hubo grandes artificios ni efectos grandilocuentes; la atención se concentró en la palabra, en la música y en una presencia escénica que no necesita elevar la voz para hacerse escuchar. Sés apareció firme, consciente, con una mirada que parecía recorrer al público uno a uno, como quien se lanza al agua sabiendo que el verdadero viaje es colectivo.
El repertorio avanzó como una marea irregular. Las canciones de NADANDO NA INCERTEZA marcaron el pulso del concierto: temas atravesados por la duda, el compromiso y una lucidez incómoda, interpretados con una intensidad que rehúye la complacencia. La voz de Sés; oscura, poderosa, profundamente expresiva, se movió con naturalidad entre la contención y el desgarro, demostrando que la emoción no siempre necesita gritar para ser devastadora.
Los temas más antiguos aparecieron resignificados, leídos desde una madurez que no renuncia a la combatividad. Feminismo, conciencia de clase, memoria y amor; un amor amplio, político y cotidiano, se entrelazaron en letras que el público coreó no como estribillos fáciles, sino como verdades aprendidas a base de experiencia. Hubo momentos en los que la sala se convirtió en un coro unánime, y otros en los que el silencio fue tan denso que parecía formar parte del arreglo musical.
La banda acompañó con una elegancia precisa, sabiendo cuándo sostener y cuándo retirarse para dejar que las canciones respiraran. Los arreglos, orgánicos y cuidados, reforzaron esa sensación de deriva consciente, de navegación sin mapas donde cada instrumento aportaba equilibrio sin borrar el riesgo. Todo sonó vivo, sin rigideces, como si el concierto se estuviera construyendo en tiempo real.
Entre canción y canción, Sés habló. Sus palabras, lejos del discurso grandilocuente, apuntaron a la incertidumbre como un lugar común, casi como una trinchera compartida. No hubo consignas cerradas ni mensajes tranquilizadores; hubo reconocimiento mutuo, una invitación a aceptar la duda como parte del camino y a no pedirle al arte respuestas que quizá solo puede formular como preguntas.
El tramo final del concierto intensificó esa comunión entre artista y público. Las canciones se sucedieron con una energía creciente, sostenida más por la emoción que por el volumen. Cuando llegaron los últimos acordes, quedó en el aire una sensación difícil de explicar: la de haber atravesado algo juntos, la de salir un poco más conscientes y, paradójicamente, un poco más acompañados.
NADANDO NA INCERTEZA es, en definitiva, un concierto que no busca cerrar heridas ni ofrecer refugios fáciles. Es una invitación a seguir cantando mientras el suelo se mueve, a aceptar que no saber también puede ser una forma de resistencia. Y en tiempos de ruido y certezas impostadas, esa honestidad se agradece como un gesto profundamente cálido, tierno y humano.
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